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BLOG DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y ACCIÓN SOCIAL

 

Artículo: Desarrollo humano y salud

Autor: Manuel García

 

 

Ya a principios del siglo XX algunos estudiosos de la pobreza encontraron una fuerte relación entre la tasa de mortalidad y el nivel de renta, mostrando que la tasa de mortalidad podría utilizarse como indicador tanto de la pobreza de ingresos o de consumo como de la ausencia de bienestar en sentido más amplio.

 

En la actualidad, la tradición de cuantificar el desarrollo humano en los terrenos de la salud se refleja en las metas internacionales de desarrollo, que examinaremos más adelante.

 

El Banco Mundial y el PNUD publican periódicamente un buen número de indicadores relacionados con la salud. Los más utilizados son:

 

  • La tasa de mortalidad infantil.
  • La tasa de mortalidad de menores de 5 años.
  • La tasa de mortalidad derivada de la maternidad.
  • La esperanza de vida al nacer.
  • La prevalencia de la malnutrición infantil.
  • El acceso a servicios de saneamiento (en general y en las zonas urbanas en particular).
  • El gasto público en salud.
  • El acceso a abastecimiento mejorado de agua.

 

Sin embargo, los datos recogidos en estos indicadores distintos de la renta presentan numerosos problemas. Por ejemplo, como señala el Banco Mundial en la mayoría de los países en desarrollo sólo pueden conocerse las tasas de mortalidad infantil a intervalos periódicos, ya que son pocos los que disponen de un sistema completo de registro civil, y tienen que recurrir, por tanto, a encuestas y censos.

 

De hecho, en la mayor parte de estos países sólo se dispone de datos de un año de los transcurridos desde 1990. La situación de los datos es todavía peor en lo que respecta a la esperanza de vida, porque muchas veces no puede medirse directamente.

 

Una de las principales preocupaciones relacionadas con las cuestiones de salud a nivel mundial es la difusión del SIDA, que está segando miles de vidas.

 

En la actualidad existe cierta controversia respecto a la prevención de esta enfermedad y de otras enfermedades de transmisión sexual. A pesar de la presencia de un enfoque más amplio en algunos acuerdos internacionales la postura oficial de las instituciones supranacionales relevantes considera que la clave para prevenir el SIDA es la difusión del uso de preservativos, como puede comprobarse en los indicadores utilizados en los Objetivos del Milenio.

 

Sin embargo, buena parte de la comunidad científica especializada afirma que sólo un programa integral de prevención del SIDA que incluya otros aspectos como la promoción de la abstinencia y la fidelidad, ha logrado resultados eficaces en la práctica. Esta estrategia integral, que ha conseguido reunir un amplio consenso científico en su favor, suele denominarse “ABC” porque combina:

 

  • A: la abstinencia (o retraso del inicio de relaciones sexuales).
  • B: la fidelidad (o reducción de la promiscuidad).
  • C: el uso de preservativos.

 

Se ha comprobado que los casos de VIH/SIDA se reducen (por ejemplo, en Uganda y Kenia) cuando se consiguen introducir cambios en el comportamiento relacionados con los objetivos “A” y “B”, sin confiar sólo en los medios relacionados con “C”. A pesar de estos resultados, algunas instituciones (la ONU sobre todo) realizan campañas centradas en la estrategia C, posiblemente por miedo a ser “moralizantes” si desaconsejan la promiscuidad o fomentan la fidelidad.

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