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BLOG DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y ACCIÓN SOCIAL

Artículo: La Deuda Externa

Autor: Manuel García

 

La Deuda Externa es la deuda que han contraído algunos países (países deudores) con otros países (acreedores), o con organismos financieros internacionales como el Fondo Monetario Internacional (FMI) o el Banco Mundial, entre otros.

 

La Deuda Externa se compone de la deuda pública, la que ha contraído directamente el Estado, y la deuda privada, la que han contraído tanto particulares como empresas.

 

La Deuda Externa tiene su origen en la época de la descolonización, cuando los países colonizados iban independizándose de sus metrópolis o países colonizadores. Estos países, habiendo adquirido su “mayoría de edad”  necesitaban poner en marcha sus propias economías y para ello necesitaban capital. Este capital lo solicitaron a los países ricos, y en muchos casos, a sus antiguos colonizadores, de modo que continuó la dependencia entre los países colonizados y sus metrópolis, esta vez vinculados a una deuda contraída.

 

A mitad del siglo XX, la totalidad de los países latinoamericanos, y la mayoría de los países africanos y asiáticos, habían logrado su independencia y la mayoría tenían solicitado algún tipo de crédito con los países del Norte.

 

En 1956, se crea el Club de París, un organismo informal formado por algunos países acreedores como USA, Canadá, Japón, Reino Unido, Francia, Alemania, etc. y un nutrido grupo de países deudores: Brasil, México, Argentina, etc.

 

El fin del Club de París era la negociación entre países deudores y acreedores para garantizar que la deuda contraída tendría el cobro asegurado, pues ya había algunos países con ciertos apuros para devolver esta deuda.

 

El Club de París aún se mantiene en funcionamiento. Toma sus acuerdos por consenso de los países acreedores pero con poca participación de los deudores. Además los acuerdos se toman de manera individualizada, analizando las circunstancias propias de cada país, de modo que no todos los países reciben el mismo trato

 

El año 1973 se presenta como una fecha fundamental. El déficit fiscal de Estados Unidos y la devaluación del dólar provoca que los países de la OPEP incrementen el precio del crudo multiplicándolo por tres y hasta por cuatro. El motivo de esto fue que al comercializarse el crudo en dólares, y ante la caída de esta moneda, los países productores y exportadores de petróleo vieron peligrar sus ingresos, por lo tanto nada más acertado para ellos que incrementar su precio.

 

El mundo entra en crisis a partir de esta fecha por el encarecimiento del crudo, mientras los países de la OPEP veían incrementar sus divisas de una manera muy significativa. El excedente monetario fue a parar a los bancos occidentales quienes no dudaron en prestar ese capital a modo de créditos con un tipo de interés muy bajo.

 

Este abaratamiento del precio del dinero fue aprovechado por muchos países, en especial, los países del Sur quienes se endeudaron con diversos fines.

 

Solicitaron créditos para:

  • Impulsar su propio desarrollo (inversión pública en sanidad, educación, infraestructuras…).
  • Para comprar crudo, imprescindible para su incipiente industria.

 

Pero también se solicitaron créditos para fines menos honrosos, tales como:

  • Adquirir armamento para mantener las continuas guerras civiles y guerras con otros países vecinos.
  • Enriquecer a familias de dictadores como Mobutu (antiguo Zaire), Marcos (en Filipinas) o Hassam II (en Marruecos), entre otros muchos. Muchos altos funcionarios de regímenes totalitarios también vieron crecer sus fortunas.

 

Ningún organismo internacional y ninguna entidad financiera analizaron convenientemente el destino de estos créditos ni la viabilidad para su retorno.

 

La consecuencia fue que en la década de los setenta del siglo pasado el crédito (en unas condiciones bastante favorables) estaban al alcance tanto de países ricos como de los países más pobres.

 

En 1979 asistimos a un nuevo punto de inflexión con respecto a la Deuda Externa: los tipos de interés de la deuda comienzan a subir como consecuencia de una apreciación del dólar.

 

El comercio exterior se frena como consecuencia de lo anterior, y los países del Sur ven frenada la entrada de las divisas procedentes de sus exportaciones, principal ingreso con el que estaban haciendo frente a la deuda contraída.

 

Es a partir de este año, cuando muchos países del Sur, ya endeudados, deben solicitar nuevos créditos, pero en esta ocasión con dos grandes diferencias respecto al año 1973: los tipos de interés son mucho más elevados y por primera vez los créditos son adquiridos para pagar los intereses de la deuda contraída.

 

En este contexto, en 1982 pasó lo que tenía que pasar, algunos países como México declaran su imposibilidad para hacer frente a su Deuda Externa. Otros países, fuertemente endeudados como Brasil y Argentina amenazan con lo mismo.

 

Este nuevo panorama dio lugar a lo que hoy conocemos como Planes de Ajuste Estructural, es decir la implantación de una serie de medidas económicas y financieras por parte de los países y organismos acreedores para que sean cumplidos por los países deudores.

 

Mucho se ha hablado y se sigue hablando sobre estos planes, unos dicen que se trata de consejos de países más experimentados que llevan a cabo una buena gestión de su propia economía, sirviendo de acompañamiento a los países más empobrecidos para fortalecer sus economías.

 

Otras en cambio, consideran estos planes como una imposición de medidas de tipo económico y financiero que afecta duramente a los países deudores: reducción de la inversión pública, flexibilización y abaratamiento del mercado laboral, privatización de empresas públicas, mayor carga fiscal para empresas y particulares, etc.

 

Ésta es la situación que se vive en los países del Sur, y en algunos países desarrollados pero igualmente endeudados, como es el caso de España.

 

 

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