Formación para el Sector no Lucrativo
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BLOG DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y ACCIÓN SOCIAL

Artículo: Las enfermedades tropicales como lastre para el desarrollo

Autor: Manuel García

 

 

Muchas enfermedades, entre ellas las tropicales, suponen un grave lastre para el desarrollo de muchos países. Estas enfermedades proliferan, por un lado por el clima de muchos países (elevadas temperaturas e índices de humedad altos), y por otro por los inadecuados hábitos higiénicos, la escasa información de los ciudadanos y las precarias estructuras sanitarias.

 

Enfermedades como el cólera están muy relacionadas con el más uso del agua, y la falta de instalaciones adecuadas (alcantarillado, captación de aguas potables, etc.).

 

La escasez de medicinas y unas instalaciones hospitalarias muy deficientes contribuyen a acelerar la propagación de estas enfermedades infecciosas.

 

A ello es necesario añadir que las multinacionales farmacéuticas tienen poco interés en investigar y fabricar medicamentos específicos para combatir estas enfermedades, dado que la mayor parte de la población afectada se encuentra en países en vías de desarrollo y cuentan con recursos económicos muy limitados.

 

Es importante que conozcamos que, al igual que cuando hablábamos de los desastres naturales, las epidemias suponen un fuerte contratiempo en el desarrollo económico de los países más empobrecidos.

 

A continuación, vamos a hacer unas breves referencias a algunas de las enfermedades que afectan a estas poblaciones.

 

El VIH-SIDA

 

Mientras que la cifra de muertes por SIDA desciende en la mayoría de los países desarrollados, como ocurre en el caso de España, África sufre por esta enfermedad una epidemia de dimensiones bíblicas.

 

Al Sur del Sáhara, el SIDA se ha convertido en una verdadera plaga que está transformando el contienen africano para siempre.

 

De los 36,1 millones de personas que padecen VIH/SIDA, un abrumador 95 por ciento vive en los países en desarrollo, donde el SIDA está convirtiéndose en un peligro mayor para las zonas rurales que para las ciudades. En cifras absolutas, hay más personas infectadas del VIH en las zonas rurales. La epidemia se propaga a una velocidad alarmante hasta las aldeas más remotas, reduciendo la producción de alimentos y amenazando la vida misma de las comunidades rurales.

 

En África vive apenas una décima parte de la población mundial, pero ahí se dan nueve de cada 10 casos de nueva infección del VIH. El 83 por ciento del total de muertes por SIDA ocurre en África, donde esta enfermedad ha matado diez veces a más personas que cualquiera de las guerras africanas.

 

En nueve países del África subsahariana, más del 10 por ciento de la población adulta tiene el VIH. En Botswana, Namibia, Swazilandia y Zimbabwe, del 20 al 26 por ciento de la población entre 15 y 49 años de edad tiene el VIH o sida.

 

Veamos a continuación un mapa de África, con datos sobre las pérdidas de mano de obra agrícola debido a esta enfermedad.

 

Hemos añadido un mapamundi que nos ayudará a identificar el número estimado de personas que padecen esta enfermedad alrededor del planeta.

 

En los países en desarrollo, en las familias afectadas por el VIH/SIDA los problemas comienzan en cuanto enferma el primer adulto.

 

Los que sufren la enfermedad necesitan ayuda de sus parientes, de modo que la familia no sólo pierde la mano de obra del enfermo sino también de otros parientes. La situación empeora si contraen la enfermedad otros miembros de la familia.

 

El presupuesto de la familia se exprime para pagar gastos médicos y, por último, los gastos de los funerales. Pronto puede ya no quedar dinero para comprar semillas ni otros insumos, lo que obliga a la venta de ganado y otros bienes. Tampoco quedan fondos para contratar o sustituir la mano de obra.

 

En una comunidad agrícola de subsistencia, donde hay pocos tractores u otra maquinaria, la mano de obra es crítica. En África Oriental, la escasez de mano de obra causada por el VIH/SIDA ha dado lugar a una serie de cambios agrícolas, comprendida la reducción de las tierras de cultivo, la disminución de los rendimientos agrícolas y el cambio de los cultivos comerciales por los de subsistencia.

 

El conocimiento y las aptitudes agrícolas también se van perdiendo conforme muere la generación que los posee. Los niños, en particular las niñas, a menudo dejan de ir a la escuela para ayudar a la familia, tendencia con sombrías repercusiones para el futuro.

 

Según un estudio reciente de la FAO y ONUSIDA, la producción agrícola de los pequeños campesinos de algunas zonas de Zimbabwe puede haberse reducido hasta un 50 por ciento en los últimos cinco años, sobre todo a causa del SIDA.

 

Más del 50 por ciento de las muertes se atribuyen al SIDA, el 78 por ciento de esa cifra son hombres.

 

Con la muerte de tantos trabajadores los ingresos se limitan más todavía, lo que reduce la capacidad de las familias de producir o comprar alimentos y pone en mayor peligro la seguridad alimentaria general.

 

El SIDA además tiene consecuencias en la nutrición. El inicio y el avance de la enfermedad son más lentos entre las personas bien nutridas infectadas del VIH.

Pero el acceso a una alimentación adecuada corre peligro para todos los miembros de las familias donde está presente la infección. Al morir un integrante de una familia, la incidencia de atrofia del crecimiento (poco peso respecto a la edad) aumenta entre los huérfanos, y el consumo de alimentos de todos los supervivientes de la familia a menudo disminuye, con la consecuente malnutrición.

 

Un estudio realizado en Namibia, por la OMS, muestra una extendida venta y matanza de ganado para apoyar a los enfermos y proporcionar alimentos a las personas que asisten a los funerales. La pérdida de bienes pone en peligro la nutrición a largo plazo de las familias, así como la sostenibilidad a largo plazo del desarrollo.

 

El Paludismo


En 2008 hubo 247 millones de casos de paludismo, que causaron cerca de un millón de muertes, sobre todo en niños africanos. En África, cada 45 segundos muere un niño de paludismo, y la enfermedad es responsable de un 20% de las muertes infantiles.

El paludismo produce pérdidas económicas importantes y puede reducir el producto interno bruto (PIB) hasta un 1,3% en países con altos niveles de transmisión. A largo plazo, la suma de esas pérdidas anuales ha creado diferencias considerables entre los PIB de los países con y sin paludismo (sobre todo en África).

 

Los costos sanitarios del paludismo incluyen gastos tanto personales como públicos en prevención y tratamiento. En algunos países con gran carga de paludismo, la enfermedad es responsable de hasta un 40% del gasto sanitario público, de un 30% a 50% de los ingresos en hospitales, y hasta un 60% de las consultas ambulatorias.

 

El paludismo afecta de forma desproporcionada a los pobres que no pueden pagarse el tratamiento o tienen acceso a la atención sanitaria, y atrapa a las familias y a las comunidades en una espiral de pobreza.

 

El Dengue

 

El dengue es una infección transmitida por mosquitos que en los últimos decenios se ha convertido en un importante problema de salud pública internacional. El dengue aparece en las regiones tropicales y subtropicales de todo el mundo, principalmente en zonas urbanas y semiurbanas.

 

El dengue hemorrágico (DH) es una complicación potencialmente mortal que se identificó por vez primera en los años cincuenta durante epidemias de dengue registradas en Filipinas y Tailandia. Hoy el DH afecta a la mayoría de los países asiáticos y se ha convertido en una importante causa de hospitalización y muerte en los niños de la región.


La incidencia del dengue ha aumentado extraordinariamente en todo el mundo en los últimos decenios. Unos 2,5 mil millones de personas (dos quintos de la población mundial) corren el riesgo de contraer la enfermedad. La OMS calcula que cada año puede haber 50 millones de casos de dengue en todo el mundo.

 

Sólo en 2007 se notificaron más de 890.000 casos en  América, de los cuales 26.000 de DH.

 

La enfermedad es endémica en más de 100 países de África, América, el Mediterráneo Oriental, Asia Sudoriental y el Pacífico Occidental. Las dos últimas, son las regiones más afectadas. Antes de 1970 sólo nueve países habían sufrido epidemias de DH, cifra que en 1995 se había multiplicado por más de cuatro.

 

A medida que la enfermedad se propaga a nuevas zonas, no sólo aumenta el número de casos, sino que se están produciendo brotes explosivos. En 2007, en Venezuela se notificaron más de 80.000 casos, entre ellos más de 6.000 de DH.

 

Se calcula que cada año se producen unas 500.000 hospitalizaciones por DH, y una gran proporción de esos pacientes son niños.

 

Sin tratamiento adecuado, las tasas de letalidad del DH pueden superar el 20%.

 

La ampliación del acceso a la atención médica prestada por profesionales con conocimientos sobre el DH (médicos y enfermeros que conocen sus síntomas y saben cómo tratar sus efectos) podría reducir la tasa de mortalidad a menos del 1%.

 

El Cólera

 

El cólera es una infección diarreica aguda causada por la ingestión de alimentos o agua contaminados con el bacilo Vibrio cholerae. Se calcula que cada año se producen entre 3 millones y 5 millones de casos de cólera y entre 100.000 y 120.000 defunciones. El breve periodo de incubación, que fluctúa entre dos horas y cinco días, acrecienta el carácter potencialmente explosivo de los brotes epidémicos.

 

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