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BLOG DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y ACCIÓN SOCIAL

Artículo: Las políticas redistributivas y la cooperación internacional

Autor: Manuel García

 

 

Para el PNUD, la pobreza está relacionada con el crecimiento económico y con la distribución de la renta: “El crecimiento económico explica solo alrededor de la mitad de la reducción de la pobreza. El resto depende de una política sólida encaminada a controlar el crecimiento económico en pro de la reducción de la pobreza”. Implícito en el mensaje del PNUD se encuentra el hecho de que la pobreza se reduce con más facilidad, además de con crecimiento, cuando se parte de una situación de equidad.

 

Sin embargo, este consenso tiene sus voces discordantes, esto es, la de aquellos que afirman que la relación entre crecimiento económico y reducción de la pobreza es irrelevante, pues el crecimiento económico y las fuerzas del mercado, por sí mismas, producirían el efecto de “derrame” o de “chorreo”, que beneficiaría a los más desfavorecidos paliando el problema de la carestía.

 

El crecimiento económico debe ser además de calidad, lo que incluye un tipo de crecimiento que fomente la inversión, genere tejido productivo, sea creador de empleo y se sostenga en el tiempo. De este modo se debe frenar la dinámica de los modelos de crecimiento de poca calidad, aquellos generadores de inversión especulativa de corto plazo, de volatilidad financiera, que destruyen empleo o aumentan la informalidad y que desplazan a la marginalidad a amplios sectores de la sociedad.

 

En este sentido cabe hablar de modelos crecimiento económico “incluyentes” y “excluyentes”.

 

Los primeros benefician a las mayorías y a los más pobres, al ampliar sus oportunidades, crear empleos, mejorar los sistemas de protección social y producir equidad a través de la distribución de la renta. Los segundos, tienen como consecuencia la concentración de renta.

 

En la visión del Comité de Ayuda al Desarrollo de la OCDE (CAD), el crecimiento, además de una necesidad, debe ser rápido y favorable a los pobres. Debe sostenerse además en el sector privado, sin desdeñar el papel del Estado, y debe generar puestos de trabajo y rentas para los pobres. Cuando hay crecimiento, se generan ingresos públicos que financian programas de combate a la pobreza, sistemas de protección social y programas de infraestructuras físicas que aseguran la eficiencia del mercado y suponen una inversión de futuro en el desarrollo nacional. La alianza a favor del crecimiento económico favorable a los pobres pasa por la conjunción de los esfuerzos del Estado, el sector privado y la sociedad civil mediante mercados eficientes y competitivos.

 

Este crecimiento a favor de los pobres se produce cuando hay cambios redistributivos que acompañan al crecimiento.

 

Cabe señalar aquellas políticas y estrategias de reducción de la pobreza que, combinadas con el crecimiento económico, producen mayores niveles de equidad. Son, entre otras, las que proporcionan a los pobres acceso a activos productivos (crédito, vivienda, tierra), activos físicos (infraestructuras, electricidad, agua), activos personales (salud y educación), activos sociales y políticos (organización y participación en la vida comunitaria).

 

Todas estas políticas pueden verse condicionadas por el entorno económico internacional, debido a la conocida vulnerabilidad de los países pobres a los efectos de choques externos (reducción del precio de materias primas, contracción del crédito internacional, devaluación de monedas inducida por crisis financieras internacionales) o a los propios condicionantes estructurales del sistema económico internacional que impiden el crecimiento de los países en desarrollo (barreras comerciales, restricciones al acceso de tecnologías, asimetría en las reglas de juego, imposición de cláusulas extorsivas, o deuda externa).

 

El crecimiento económico es necesario, pero no suficiente para la reducción primero, y eliminación finalmente, de la pobreza. Esto es demostrable a partir de la constatación de que algunas sociedades no consiguen eliminar la pobreza a pesar de registrar rápidos crecimientos de su PIB o altos niveles de ingresos per cápita, normalmente distribuidos desigualmente.

 

Por el contrario, países con crecimientos menores, pero con políticas redistributivas alcanzan mejores resultados en la lucha contra la pobreza. Por ejemplo, el crecimiento del PIB de Brasil en la década de los años setenta, durante el llamado “milagro económico”, alcanzó una media del 8%. Sin embargo, la pobreza, la desigualdad y la exclusión social aumentaron vertiginosamente. En el sentido contrario, las tasas de crecimiento brasileñas entre 1995 y 2005 no llegaron al 4% pero gracias a las políticas de estabilización monetaria y a las políticas sociales de transferencia de rentas condicionadas, la pobreza retrocedió considerablemente haciendo que el país se situase muy próximo de alcanzar la meta 1 de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

 

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