Formación para el Sector no Lucrativo
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BLOG DE COOPERACIÓN INTERNACIONAL Y ACCIÓN SOCIAL

Artículo: Qué aportan los voluntarios a las ONG

Autor: Manuel García

 

 

El elemento más valioso es el tiempo. Hay voluntarios que por sus condiciones laborales disponen de mucho tiempo, sobre todo muchos estudiantes o personas jubiladas. Otros no disponen de tanto y se limitan a ofrecer sus colaboraciones unas horas a la semana o incluso al mes. Ese tiempo es importante y son las organizaciones las que deben saber gestionarlo. Siempre hay actividades que llevar a cabo, unas prioritarias, otras menos urgentes. Es necesario organizar las actividades en función de la disponibilidad de tiempo de los voluntarios.

 

Pretender realizar una actividad un día a unas horas en las que no podamos contar con ningún voluntario es absurdo. Lo lógico es conocer, de antemano, la disponibilidad del voluntariado y organizar esas actividades cuando tengamos recursos humanos para ello.

 

No siempre esto es posible, pues hay determinados actos que se deben realizar en horarios o días muy concretos, y es ahí donde resulta más difícil llevarlos a cabo.

 

Una buena gestión de ese tiempo se traduce en una satisfacción y una motivación para el voluntario. No hay nada más desmotivador para un voluntario que no sentirse útil y tener la sensación de estar perdiendo su tiempo. A nadie nos sobra el tiempo, y nadie se involucra en una ENL para dejar pasar el tiempo y aburrirse.

 

Del mismo modo el tiempo requiere un compromiso por parte de la persona voluntaria. Si se cuenta con una persona para llevar a cabo una actividad y ésta no aparece la actividad probablemente no podrá realizarse, o deberá retrasarse, con el consiguiendo retraso de otras actividades.

 

Otro elemento importante que los voluntarios aportan a las ONL es el entusiasmo.

 

El voluntario quiere sentirse útil, quiere ocupar su tiempo, quiere hacer y conocer cosas nuevas, quiere ayudar a los demás, y lo hace de una manera altruista. Ello implica una gran dosis de entusiasmo.

 

No siempre mantenemos el mismo nivel de ánimo. Unas veces las cosas nos están saliendo bien y la moral nuestra y de nuestro equipo es alta. Otras veces el ánimo está más decaído. En el mundo de las ONL hay muchos y frecuentes motivos para perder el ánimo: una subvención denegada, dificultades para captar fondos propios, requisitos para acceder a subvenciones que no se cumplen, objetivos no siempre logrados …..

 

Por todo ello es muy importante contar con el apoyo de voluntarios que contagien el entusiasmo a otros compañeros, para hacer frente a las dificultades del día a día.

 

Pensamos a veces que esa vitalidad y ese entusiasmo lo aportan las personas más jóvenes. Pero la experiencia nos lleva a pensar que no siempre es así.

 

Hay personas de bastante más edad que se convierten rápidamente en los verdaderos líderes de un grupo de voluntarios por su carisma o su empuje.

 

Es pues, importantísimo para cualquier organización nutrirse de esas personas entusiastas, y saberlas aprovechar poniéndolas al mando de un grupo de trabajo.

 

Es siempre conveniente tener en un mismo grupo personas con distintas capacidades para el trabajo y con distintos grados de motivación.

 

Siempre habrá unos que arrastren o contagien a los demás.

 

Al igual que el tiempo, el entusiasmo debe ser bien gestionado por las organizaciones. Resulta muy fácil desmotivar a una persona y desequilibrar esos estados anímicos.

 

No podemos olvidarnos de las ideas. Son éstas otro elemento fundamental en los aportes del voluntariado.

 

A veces las cosas se ven de forma diferente cuando se miran con otros ojos, desde otra óptica, probablemente desde la óptica de una persona más experimentada. A veces todo lo contrario, personas ajenas a un tema, o poco familiarizadas con él nos pueden aportar brillantes ideas que para nosotros resultan totalmente novedosas y válidas.

 

Debemos de dar entrada a todas esas nuevas ideas. No hay idea mala o ridícula. Cualquier aportación es buena, aunque sea para demostrar que ese no es el camino a seguir.

 

El voluntario al proceder de fuera de la organización no lucrativa nos ofrece una visión crítica y un punto de vista externo de incalculable valor para nosotros.

 

Que el voluntario tenga libertad, para exponer sus ideas, para ser escuchado es básico para la motivación del voluntariado, a la vez que pueden dar nuevos enfoques a tener muy en cuenta.

 

En ocasiones las ideas nos llegan de personas con cierta experiencia, por su actividad profesional o por haber colaborado en otras entidades. En estos casos esas ideas resultan muy útiles y alentadoras.

 

No debe pues, una organización sin ánimo de lucro darle la espalda al voluntariado, y es importante hacerles participar en actividades tan delicadas como llevar a cabo planes estratégicos o incluso planificación de proyectos.

 

Por otra parte, hemos de considerar otro elemento fundamental en la aportación que los voluntarios ofrecen a las ONG. Son los contactos.

 

Cualquier persona que llega a una organización tiene unas amistades, unos conocidos o unos familiares. Vivimos en un mundo gregario y todos estamos interconectados.

 

A menudo lograremos hacer contactos muy valiosos para nuestra organización y para los proyectos que llevamos a cabo, a través de

nuestro voluntariado.

 

Conocer a otra persona que nos pueda poner en contacto con una empresa donante, con personas que disponen de determinada información, o que conocen a otras personas influyentes son puertas que se nos pueden abrir corriendo la voz entre nuestros voluntarios.

 

Una organización sin voluntarios es una entidad sin contactos, y sin éstos, el camino para lograr nuestros objetivos se convierte en más largo y penoso.

 

No siempre se trata de tener contactos adinerados o influyentes, a veces hay personas que disponen de información sobre alguien que puede hacer una donación, informarnos sobre alguna subvención, o ayudarnos a organizar un evento.

 

Cualquier contacto resulta muy valioso, y si hoy no nos resulta tan útil, tal vez mañana sí.

 

Finalmente podemos destacar otros factores, igualmente importantes para las organizaciones: la experiencia de nuestros voluntarios.

 

Las personas que tienen conocimientos sobre determinadas actividades nos pueden ayudar mucho y podemos aprender mucho de ellas.

 

Apoyarnos en las personas que ya han recorrido ese camino es fundamental para saber por dónde nos conviene más caminar, resultando ser más eficaces en el logro de nuestras metas y evitando desalentadores fracasos.

 

Dentro de una organización sin ánimo de lucro hay un sinfín de tareas a realizar, desde las administrativas, hasta las relaciones públicas, planificación de proyectos, asesoramiento técnico, justificación de subvenciones, etc.

 

Deberemos valorar pues, la experiencia de una persona con conocimientos en contabilidad, fiscalidad e informática, pero también en el área de recursos humanos, relaciones públicas, marketing y comunicación, sociología, y un largo etcétera, dependiendo de la orientación de la organización.

 

A veces contamos con voluntarios que carecen de una experiencia profesional pero sí cuentan con grandes habilidades. Es éste otro elemento importante.

 

No todos podemos ser contables o graduados sociales. Algunos de nuestros voluntarios tienen habilidades innatas o que han ido desarrollando con el tiempo, que nos pueden resultar muy útiles. Un buen comunicador o un buen relaciones públicas nos serán de gran importancia en actividades de sensibilización o captación de socios o de fondos; una persona meticulosa y organizada es importante en tareas relacionados con gestionar bases de datos, realizar un mailing, o llevar archivos; y una persona con iniciativa y con carisma puede liderar grupos de trabajo, por ejemplo.

 

Pero integrarse en una organización requiere compromiso por parte del voluntariado.

 

El ser voluntario no significa acudir a la sede de una ONG cuando nos apetece y dejar actividades sin hacer simplemente porque no nos apetece hacerlas.

 

Es necesario comprometerse con determinadas actividades, con unos horarios establecidos. Por supuesto el voluntario se pone a disposición de la entidad y debe ser éste el que ofrezca su tiempo según sus posibilidades.

 

El grado de compromiso lo establece el voluntario de un modo progresivo.

 

Es preferible, en principio dedicar pocos días al mes, o pocas horas a la semana, para que el voluntario se vaya adaptando a la organización, y para que vaya descubriendo las metas que ésta persigue y las actividades que lleva a cabo.

 

Si logramos despertar el interés en el voluntario, probablemente, trate de prestar más tiempo, posiblemente dejando de lado otras aficiones para ocuparse por más tiempo en las actividades de la organización.

 

Al compromiso va ligado la responsabilidad.

 

Responsabilidad significa cumplir con ese compromiso dedicando un

tiempo a la organización y ocupándose de unas tareas.

 

Pero también significa poner interés en lo que se hace, tratando de disfrutar con las actividades en las que se participa, pero con la seriedad que ello requiere.

 

Organizar un evento en la calle puede resultar muy divertido, pues se trabaja al aire libre, el ambiente es distendido, y se hacen amistades. Pero ello no significa que la actividad a realizar sea un pasatiempo o una simple diversión. Tras ese evento habrá un objetivo que podrá ser el recoger firmas en un acto reivindicativo, captar fondos para un proyecto de cooperación, o informar o sensibilizar a la gente sobre determinados asuntos relacionados con nuestra entidad.

 

Ser responsable y consecuente con nuestro trabajo es importante, y un pilar fundamental para cualquiera que aspire a convertirse en voluntario.

 

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